Terapia hormonal. Zoladex y menopausia

IMG_9678Esta inyección sirve para inducirte la menopausia. No quiero enseñar lo gruesa que es, porque da impresión. Pero voy a explicar sus efectos secundarios, que por cierto no aguanté, y porqué le pedí al oncólogo que me cambiara de tratamiento.

Es un implante, por eso la aguja es tan grande, porque no lleva un líquido dentro. Así se evita que tengas que pincharte todos los días, el implante libera lo necesario cada día, y así solo tienes que ponértela una vez al mes. Al clavártelo (suena muy dramático pero es que era así) dolía bastante pero te acostumbrabas, aprendes a apretarte bien la herida para que no salga un moratón, y relajarte porque es un momento nada más. Lo que no aguanté es lo que provoca está inyección, la menopausia.

Ya he contado que empecé la terapia hormonal hace dos años, con tamoxifeno y que al bajarme la regla, después de que me la retiraran para la quimio, el oncólogo me cambio a exemestano que es otro medicamento que sirve para lo mismo que el tamoxifeno, pero que necesita que tengas la menopausia para tomarlo así que otra vez me tenían que retirar la regla.

La primera vez que me indujeron la menopausia durante la quimio, los sofocos, el principal efecto secundario, eran un rollo pero como no hacía vida normal sino que descansaba siempre que quería pues no lo lleve muy mal. Entre la quimio y la menopausia no sabes muy bien porque te viene cada malestar.

El problema fue tener la menopausia cuando ya había terminado el resto de tratamientos y empezaba a hacer mi vida. Los sofocos por la noche te hacen dormir muy mal. De repente te pones a sudar muchísimo. Yo tenía al lado de la cama un spray con agua que me echaba en la cara y un abanico para darme aire, y más o menos una vez cada hora tenía un sofoco, así que me despertaba a hacer esto unas 8 veces.

Durante el día en el trabajo se hacía igual de incómodo, si estaba de pie me mareba un poquito y tenía que sentarme cada vez que venia un sofoco además de darme aire a lo loco con el abanico.

Esto se junto con una tristeza horrible por nada en especial. Que no aguanté. Yo no era así antes, no me enfadaba por todo, ni todo me superaba. Otras chicas durante este proceso toman antidepresivos, que quise evitar a toda costa por miedo a otra pastilla más con otros efectos secundarios diferentes.

Lo que hice fue contarle al oncólogo lo que me estaba pasando, mi malestar anímico y mi cansancio, que no me dejaba hacer vida normal. Sin pensarlo dos veces me cambio al tratamiento con el que empecé la terapia hormonal. Me quitó el zoladex y el exemestano y volvimos al tamoxifeno.

A los pocos meses me bajo la regla de nuevo, y poco a poco fui viendo la luz. Ya he contado que el tamoxifeno no es que sea el mejor amigo del mundo, pero por lo menos te deja dormir.

Desde que volví al tamoxifeno ha pasado un año, hoy puedo decir que ya no estoy triste. Estoy agotada, tengo el estómago revuelto casi todos los días, y anímicamente no soy la de antes del cáncer, pero ya no lloro y eso es mucho decir.

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