Mis miedos antes de la cirugía

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Toda nerviosa antes de la operación. Me pongo muy seria cuando estoy nerviosa.

Llegué muy cansada a la operación. Cuando veía la luz después de la químio, me empezaba a encontrar bien, me confirmaron que el tumor se había reducido a la mitad, di mi primer paseo por el campo…llegó la operación. No pasó ni un mes desde mi última quimio. Fue todo muy rápido para mi y supongo que para mi cuerpo también, porque andaba baja de todo. Esa fue mi primera obsesión y mi primer miedo que mi cuerpo no andara listo. Los días antes de la operación me hicieron análisis de sangre para ver si estaba lista para operarme. Bajita de hierro, tuve un par de chutes más, no me gustaban nada porque después te pasabas unos días con un sabor de boca horrible. Baja de glóbulos rojos, esto sí que me pareció más gracioso porque ¡me tuve que dopar! Sí con epo, para mi propia competición. Eran unas inyecciones como las que me ponía entre ciclo y ciclo para estimular la creación de glóbulos blancos, pero estas eran para los glóbulos rojos. Me las ponía solita en casa, sin molestias porque a las inyecciones ya estaba muy acostumbrada.

Se acercaba la operación y yo me empecé a poner nerviosa, ya estaba harta de que me hicieran daño. Los días antes no había parado de leer otros blogs sobre los pasos en los que consistía una tumorectomía. Me tenían que colocar algo que se llamaba arpón antes de operarme y bajar a quirófano, la cosa es ¡¿por qué arpón?! No dejaba de imaginarme una arma para matar ballenas. Una cosa enorme clavada en mi teta.

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Y cuando saliese de la operación, unos días con un drenaje, un tubo saliendo de mi a un bote soltando mierdecillas. Ninguna de las dos cosas cuando me las imaginaba tenían buena pinta.

El arpón no fue para tanto. Era una especie de filamento metálico, muy largo , que te clavaban en el centro del tumor con la ayuda de una ecografía para que luego el cirujano abra y vaya directo al tumor sin andar rebuscando por la teta. El problema que tuve cuando me colocaron el arpón, fue con el reservorio, como ya he contado otras veces lo tenía colocado en el pecho malo, lo que fue un error, y aquí me dio problemas. El arpón me lo colocó la radiologa, con una ecografía buscó donde estaba el clip metálico que me colocaron en mitad del tumor antes de comenzar el tratamiento. Resulto que el reservorio no dejaba ver bien donde estaba el clip metálico, así que me llevaron a una maquina, una especie de camilla, donde te tumban y te agarran el pecho como en una mamografía, pero como yo tenía el reservorio no podían apretar mucho porque me lo clavaba y me dolía. Después de estrujar y estrujar consiguieron encontrar el clip, para colocarme el arpón. En ese momento me dijeron “te vamos poner frío para que no te duela al colocártelo”, yo pensé “frío para clavarme un arpón no! ponme anestesia!!” pero bueno es que ya andaba fatal, después de tanto rato estrujándome me dolía toda la zona una barbaridad, pero es verdad que con el frío no sentí como me lo colocaron. Y después el rato que lo tuve colocado hasta que me operaron, no note ninguna molestia.

Me bajaron a quirófano como una hora después de eso, creo que eran sobre las 12 del medio día. Te bajan a una sala donde están otras camillas con otra gente que van operar, antes dije hasta luego a mis padres, mi hermana y Luis que estaban conmigo, y deseé volver con los dos pechos iguales como me habían dicho. Lo que me iban a hacer se denomina cirugía conservadora, técnicamente tumorectomía, sólo extirpan el tumor, sin tocar la forma del pecho. Pero a mi me rondaba la idea de “y si ven más cosillas y tienen que quitar algo más cuando habrán”. Esperando en el preoperatorio vino a verme primero una de mis cirujanas a preguntarme qué tal estaba y que pronto entraríamos, y luego apareció mi cirujano, que siempre he contado que es un señor muy serio, pero que a mi me hace mucha gracia por cómo dice las cosas. Se puso a mi lado y sin decirme ni hola, cómo estas o si estaba nerviosa, me preguntó:
– ¿Qué te vamos hacer?
– Quitarme el tumor
– Y ¿qué más?
– los ganglios
Asintió con la cabeza añadió muy bien y se dio media vuelta y se fue. No sé, me hizo como siempre mucha gracia, parecía que sólo le interesaba saber que estaba lucida y no me había equivocado de experiencia.

Así que me quedé ya solita frente al peligro (junto con un montón de enfermeras, anestesistas y cirujanos) deseando que me durmieran ya para despertarme lo antes posible, y  ya se hubieran ido los nervios. ¡Lo que me venía después ni me lo imaginaba!

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